Roberto Santoro

Mientras a Roberto Jorge Santoro lo desaparecía la tarea bruta de alguna cuadrilla parapolicial, los artesanos de la  obsecuencia decían que era el primer día de junio de 1977 y que “estábamos” a sólo un año de la inauguración del  Campeonato Mundial de Futbol que se realizaría en el país en 1978. Los prohombres que el régimen tenia instalados en el periodismo deportivo advertían que “cada argentino debe mostrarle al mundo qué clase de país tenemos y qué clase de gente somos”. A decir verdad, en eso –quizá solamente en eso- los voceros del Proceso no mintieron: ellos dejaron bien en claro qué clase de gente eran y, seguramente, siguen siendo.

Ninguno de los predicadores deportivos de la dictadura, como es posible presumir, se preguntó, o hizo preguntar, por el desatino del profesional que confeccionó la antología más completa y conmovedora de lo que se ha escrito en la Argentina sobre fútbol. En efecto, Santoro publicó Literatura de la pelota (Papeles de Buenos Aires, 1971), una bella y cuidadosa compilación de poemas, cuentos, artículos periodísticos y hasta cantos de las hinchadas en la que, de montones de maneras, queda testimoniado que el fútbol es bastante más que veintidós jugadores corriendo detrás de una cosa redonda.

Periodista y poeta, cultor de los oficios más insólitos, Santoro “era fanático de Racing y organizaba partidos donde jugaba de delantero y era muy habilidoso”, como relató su amigo Rafael Vásquez en el libro Con vida los queremos, que editó la Asociación de Periodistas de Buenos Aires en 1986. Esa pasión personal y profesional por el fútbol se expresó desde una concepción en la que, como lo plasma Literatura de la pelota, el fútbol no aparece distante, sino asociado, a los sueños y a los trabajos que Santoro llevaba adelante para construir una sociedad distinta y mejor que la que vivía.

A trece años de su secuestro, mientras los oradores y los escribas del lameculismo deportivo prosiguen vendiéndose al poder de turno, Santoro, involutariamente, ocupa un sitio para siempre en lo que tiene que ver con el periodismo deportivo.

Será siempre autor de la brillante Literatura de la pelota, siempre fundador de un modo de rescatar la presencia del fútbol en la sociedad argentina, siempre inevitable para consultar quiénes dijeron algo sobre un jugador, un equipo o una tribuna, siempre vindicador de la pertenencia popular del fútbol, siempre diferente a los colegas que buscaban el bronce un tiempo dominado por el herrumbre, siempre un trabajador de prensa, siempre un puñal hondo de la hora negra, siempre una esperanza blanca, siempre jinete que cabalga en la memoria.

Siempre en la cancha de la vida habrá un gol para gritar con Roberto Jorge Santoro. Siempre, siempre, siempre.

Ariel Scher, Diario Sur, 1º de julio de 1990.