2001: A DIEZ AÑOS DEL CORRALITO

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En la noche del viernes 30 de noviembre de 2001 el gobierno de Fernando de la Rúa (Alianza UCR-Frepaso) decidió un plan de restricción de retiro de depósitos para frenar una corrida bancaria. El corralito fijaba límites a los titulares de cualquier tipo de cuenta bancaria para retirar dinero. «La gente debe estar tranquila. Todo lo que vamos a hacer será para preservar los ahorros. Vamos a respetar el uno a uno (la convertibilidad). Esto es para que la economía funcione bien», explicó el ministro de economía Domingo Cavallo. Las primeras repercusiones, en tramos de El largo adiós, nota de Facundo Pastor en la revista La Primera, nº 90 del 7 de diciembre de 2001.

“Nadie dominaba la reunión, salvo ese bullicio insoportable. Parecía un grupo de señoras indignadas, protestando mientras se servían el té de la cinco. ‘Mi madre no pudo sacar el dinero del banco’, dijo uno. ‘Sí, es cierto. Hay muchos problemas, y las colas en los bancos son interminables’, replicó otro. Y así seguían los comentarios fastidiados. Pero había uno que no hablaba: Domingo Cavallo. El ministro fue el más vapuleado en la reunión de Gabinete del martes pasado (4 de diciembre). Quizá la más difícil desde que asumió Fernando de la Rúa. Después de media hora de charlas informales, llegó el silencio. ‘Señores, me gustaría que el ministro Cavallo comience con una exposición para saber cómo han evolucionado las medidas’, dijo un Fernando de la Rúa que parecía dispuesto a defender a capa y espada a su ministro. Las palabras de Cavallo fueron cortas, fugaces. No había mucho que explicar. Durante el breve discurso se dedicó a pasear por todo el recinto y les ofrecía a cada ministro un documento titulado ‘La lógica del programa económico’. Muchos de los presentes se complotaron para interrumpir las catedráticas palabras del mediterráneo. Al menos tres ministros le pidieron que revea la posibilidad de flexibilizar el límite de mil pesos mensuales para los retiros de efectivo. El secretario General de la Presidencia, Nicolás Gallo, reclamó: ‘Habría que analizar si es conveniente que los sueldos estén adentro de las medidas’; y se sumó el vocero presidencial Juan Pablo Baylac: ‘Yo coincido. Ahora se vienen las Fiestas y la gente no va a saber qué hacer. Hay que parar de alguna manera el mal humor’. Cavallo reaccionó mal. Amagó con levantarse. Con pegarle a la mesa de madera. ‘Es cierto, durante la reunión se puso muy loco. Así es su personalidad’, le confesó a La Primera uno de los presentes. Quizá sea esa misma locura la que lo hace chocar tanto con Chrystian Colombo. El jefe de Gabinete prefirió no participar de la última reunión de ministros y volvió a insinuar la posibilidad de abandonar el gobierno.
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Locos por Cavallo

El ministro de Economía, Domingo Cavallo, parece un experto en coleccionar enemigos. Muchos de los integrantes de su equipo se llenan la boca de críticas cuando se refieren a su jefe. ‘Lo están empezando a odiar, están muy enojados porque dicen que son los últimos en enterarse de las medidas’, afirma un funcionario del Ministerio. El viernes 30 de noviembre por la mañana, Cavallo y un reducido grupo de asesores, entre los que se encontraba Horacio Liendo, confeccionaron las últimas medidas. El ministro recién se las informó a su equipo ese mismo día, durante una tensa cena en un salón del Ministerio. En el entorno de Cavallo piensan que el gabinete económico está influenciado por los comentarios críticos del viceministro, Daniel Marx. ‘Está más que claro que Marx quiere quedarse con el sillón de Cavallo. En más de una oportunidad, habló directamente con el Presidente sin avisarle al ministro’, confiesa la fuente. (…) En el Gobierno ven con buenos ojos la tarea del funcionario y dicen que ‘es el verdadero piloto del canje de la deuda’ hasta ahora el único, moderado, éxito que pueden exhibir.
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Peronistas al acecho

Los capitostes del fraccionado Partido Justicialista parecen tomar carrera frente a la crisis. En el Gobierno afirman que el gobernador Carlos Ruckauf estuvo contando votos para saber si una eventual asamblea legislativa, que reuniría a diputados y senadores en caso de la renuncia presidencial, podría llevarlo al sillón de Rivadavia. Pero son versiones interesadas, como aquella que sugiere un extraño conciliábulo entre el radical Mario Losada y su coterráneo y virtual vicepresidente, Ramón Puerta. En la reunión, que se habría realizado en el Senado, no se habría eludido la posibilidad de que el playboy peronista subiera un peldaño en un futuro no muy lejano. Desde la otra vereda, el incansable Carlos Menem recibió, el lunes pasado en su departamento de La Lucila, a la cúpula del poderoso Consejo Empresario Argentino. Hasta allí llegaron Enrique Ruete Aguirre, Manuel Sacerdote y Alberto Grimoldi. Uno de los presentes le contó a La Primera un fragmento del diálogo:
Empresario: Las medidas de Cavailo son de corto plazo, pero los problemas de fondo siguen sin solución.
Menem: Hay que ver qué pasa en los próximos días. Va a ser fundamental para poder hacer un pronóstico.
Empresario: Con De la Rúa en el gobierno nunca vamos a remontar la crisis. Y con Cavallo menos que menos. Es un loco, no cumple nada de lo que promete. Nosotros no queremos tirarnos contra la gobernabilidad. Pero lo ideal sería que el PJ genere un consenso político que le dé un marco de poder a este gobierno.
La idea es por lo menos descabellada, que un partido opositor le dé cuerpo a un gobierno de signo contrario, sólo sería imaginable en una democracia parlamentaria al estilo europeo. Pero a los hombres de negocios les pasa lo mismo que al resto de los argentinos: la crisis los dejó sin libreto.”

A 10 diez años, libro sobre el corralito

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