CUANDO NACIÓ YPF

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Cuando falta exactamente un mes para que se conmemore la fundación de la Dirección General de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, creada por un decreto del presidente radical Hipólito Yrigoyen del 3 de junio de 1922, repasamos los primeros pasos de la empresa petrolera estatal. Los comienzos, en fragmentos de YPF, una empresa al servicio del país, libro editado por la empresa en 1972.

MOSCONI EN YPF
La lucha por las reservas. La creación de la Dirección General de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, por decreto del 3 de junio de 1922, no fue un simple cambio de denominación, ni un ‘mero verbalismo’, como calificó a la medida un matutino porteño de la época. Fue el resultado, diríamos lógico, de diversos factores y necesidades conjugados en esa nueva etapa de la economía del país que se inició al término de la contienda bélica mundial. El fin de una guerra fue el comienzo de otra en otro campo y con otras armas. Ahora la lucha iba a ser por la posesión de las fuentes de combustibles, entre grandes consorcios petroleros internacionales que aquélla había mantenido como aliados necesarios frente al adversario común. Terminado el conflicto bélico, se proclamó como esencial la posesión de yacimientos y reservas de petróleo.
En el orden local, a esos factores externos se agregaban otros de carácter interno: la producción incrementada año tras año de! yacimiento de Comodoro Rivadavia y el comienzo de la explotación fiscal en Plaza Huincul. Por otra parte, se produjo un aumento en la importación de combustibles, con una baja en los precios al fin de la guerra, y el petróleo argentino empezó a acumularse en las plantas de almacenamiento por una mayor competencia en el mercado. La iniciativa del Estado, en ese momento, en cuanto a política petrolera nacional y al instrumento necesario para ejecutarla, era impostergable.

El otro punto de vista. La creación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales se produjo, por cierto, en hora muy oportuna. Se estaba en el momento de renovación de una lucha ya planteada en 1910. Por eso, a poco de conocerse el decreto de! presidente Yrigoyen y de su ministro Vargas Gómez, una publicación metropolitana expresó textualmente: ‘La administración pública de las explotaciones industriales y comerciales, en efecto, no ha dado nunca resultados satisfactorios ni beneficios: la prueba puede señalarse en los ferrocarriles, los bosques y en especial en los bancos y obras sanitarias. Hacen inclinar en consecuencia a favor de su entrega a la explotación privada que desarrolla la industria y el comercio más rápidamente y en condiciones mejores para la economía general. Podría ciertamente asegurarse que existe connivencia en que el Estado reserve el dominio y aún la explotación de esos yacimientos, puesto que tiene interés principalmente en sus productos, pero es incontrovertible que esa enorme riqueza habría sido mucho mejor administrada para la economía nacional si se hubiera entregado con prudentes contratos a la gestión privada’.
Justamente la organización de la Dirección General de Yacimientos Petrolíferos Fiscales permitiría corregir las fallas administrativas observadas en la última etapa de la gestión correspondiente a la Dirección General de Explotación del Petróleo de Comodoro Rivadavia. Sería su primer director general, como veremos, el encargado de la reorganización reclamada por la labor fundamental que debía cumplir la dependencia.

Una disertación. La situación de la industria petrolera argentina en ese momento fue analizada por el contraalmirante M. J. Lagos en una importante disertación sobre La política del petróleo, que pronunció en el Instituto Popular de Conferencias el 7 de julio de 1922. Aparte de plantear la urgencia de una legislación petrolera general -que el parlamento había postergado-, el disertante se refirió especialmente a lo que ocurría alrededor de las zonas fiscales de reserva en Chubut y en Neuquén, las que estaban siendo completamente rodeadas por concesiones de cateos; por tal causa resultaría difícil al gobierno nacional ensanchar su zona fiscal con continuidad.
En Comodoro Rivadavia operaban, en torno a la reserva fiscal, la Compañía Ferrocarrilera de Petróleo, con explotaciones en el Kilómetro 8; la compañía Astra Argentina, con una producción que representaba el 60 % del aporte privado; el Sindicato de Perforaciones de Comodoro Rivadavia, cuyos principales accionistas eran los señores Tornquist y Leach; la Compañía Industrial y Comercial, organizada por Dodero Hermanos que estaba vinculada con la Anglo Persian; The Norvegian Oil Fields Co., de capitales originariamente escandinavos; la firma Emilio Kinkelín, representante de la familia alemana Stinnes; y la Compañía Holandesa de Perforaciones, que conjugaba intereses de la Royal Dutch. Asimismo, Standard Oil y Burma Oil Co. tenían geólogos trabajando en campos vecinos a la reserva fiscal.
En el territorio del Neuquén realizaban trabajos petroleros la compañía Astra Argentina, que tenía perforaciones en Challacó; Emilio Kinkelín, ya mencionada; Standard Oil, en concesiones transferidas por el ingeniero Sol, y Argentine Oil Fields, que había obtenido los derechos de la vieja empresa argentina Cerro Lotena, con una superficie total de 88.400 hectáreas, resultado de 47 concesiones de exploración.

Un instrumento adecuado. Durante el año 1919 se habían presentado, para los territorios del Neuquén, Chubut y Santa Cruz, 184 solicitudes mineras de cateo, las que abarcaban en conjunto una superficie de 386.000 hectáreas. Los pedidos aumentaron considerablemente durante 1920 y 1921, hasta alcanzar el punto máximo en 1922. Este año las solicitudes ascendieron a 5.399, las que cubrían una superficie total de aproximadamente 10.800.000 hectáreas. Tales intentos expansivos en las compañías no pueden sorprender si se los relaciona con la tendencia mundial ya aludida, caracterizada por una política de avance sobre las reservas.
En su conferencia, el contraalmirante Lagos señaló un hecho que venía a rebatir, con argumentos internacionales, la tesis del mencionado diario metropolitano sobre los instrumentos más adecuados en la explotación petrolera. ‘Durante la guerra -dijo- se crearon en los países europeos reparticiones similares autónomas, las que aún subsisten; a ellas se debe el notable desarrollo alcanzado en la explotación del petróleo.’

El coronel Mosconi. Cinco días después de la creación de YPF, el Ministerio de Agricultura, mediante resolución del 8 de junio de 1922, reglamentó el procedimiento para la aplicación del decreto del día 3. Por el artículo 2º de esta resolución se establecía la toma de posesión por Yacimientos Petrolíferos Fiscales de los yacimientos de Plaza Huincul, luego de un prolijo inventario. El 19 de octubre, una semana después de asumir el gobierno, el doctor Marcelo T. de Alvear designó director general de la empresa petrolera estatal al coronel Enrique Mosconi, quien se desempeñaba como director del servicio Aeronáutico del Ejército desde marzo de 1920. El propio Mosconi atribuye su nombramiento a los éxitos logrados, con los recursos normales, durante su gestión en la Aeronáutica Militar.

Dos informes. El primer director general de YPF no era hombre destinado a naufragar en la burocracia o en la compleja trama de los intereses petroleros, aunque su acción, al comienzo, pudo sorprender a quienes no lo conocían. Como ingeniero militar de buena formación que había confrontado más de una vez la teoría con los escollos de la práctica, se trazó rápidamente un plan de acción acorde con el más alto interés nacional. Y no se apartó de él. Comenzó por viajar a los dos yacimientos, para interiorizarse de su estado y necesidades, y preparar en seguida un programa de trabajos. Redactó así un primer informe, que lleva fecha del 18 de noviembre de 1922, en el que expuso principalmente las deficiencias de la contabilidad en general: atrasos excesivos, libros provisionales, incumplimiento de los depósitos en Tesorería General de lo recaudado por ventas de productos, y otras fallas. Había considerables deudas atrasadas por cobrar y la repartición se manejaba aún sin presupuesto.
La situación reclamaba, como diría Mosconi después, una remoción de ‘todo el mecanismo administrativo, orientándolo en el sentido de buscar el menor costo de producción y obtener un mayor beneficio, para que así fuera posible aumentar la producción, intensificando y ampliando los trabajos de explotación, hasta que llegara el momento de ingresar a Rentas Generales los beneficios que se obtuvieran en los Yacimientos Petrolíferos’. Las deudas de las dependencias públicas a la repartición alcanzaban a 4.571.199 pesos moneda nacional. El informe abordaba también problemas técnicos, referentes a los trabajos geológicos, al transporte y al almacenamiento.
Entre los días 13 y 18 de diciembre, Mosconi estuvo en Plaza Huincul y presenció la transferencia del yacimiento a la Dirección General, en cumplimiento del decreto de! 3 de junio y de la resolución reglamentaria del día 8. Esta visita fue origen de otro informe, que lleva fecha 3 de enero de 1923.

La producción. La producción de los dos yacimientos fue en 1922 la siguiente: Comodoro Rivadavia, 343.889 m3, y Plaza Huincul, 5.169 m3. En la primera de dichas explotaciones había 89 pozos en producción y 5 en la segunda. El total del petróleo procesado por YPF alcanzó a 19.207.770 litros; las ventas de petróleo ascendieron a 253.328.391 kilos, por un valor de 9.484.209 pesos moneda nacional. transporte fue realizado por los buques ‘Santa Cruz’, incorporado el 16 de enero, ’12 de Octubre’, ‘Ing. Luis A. Huergo’ y ‘Aristóbulo del Valle’, de la empresa, y ‘Ezcurra’ y ‘Patagonia’, del Ministerio de Marina. El 8 de setiembre fue autorizada la instalación de una planta de almacenamiento en Concepción del Uruguay. En el mismo mes entró en operaciones en Comodoro Rivadavia una unidad de destilación continua, con capacidad para procesar 170 m3 diarios. Existían allí desde 1916 dos alambiques de sistema discontinuo. La repartición efectuó canje de petróleo con las compañías Argentina de Petróleo Astra, Ferrocarrilera de Petróleo y Sindicato de Perforaciones. La importación de petróleo crudo fue ese año de 19.528 toneladas.
En su informe del 3 de enero de 1923, el coronel Mosconi expresa que la reserva de Plaza Huincul ‘ocupa una superficie de 7.853 hectáreas, la cual se encuentra rodeada por los cateos de las siguientes firmas: Emilio Kinkelín, Standard Oil de California, Petróleo de Chaliacó (Neuquén) Ltda.; con dos cateos, uno al este y otro al oeste de la zona reservada; Astra Argentina, zona Huincul; Astra Argentina, zona Challacó; Standard Oil de Argentina Ltda., Sindicato Dodero; Compañía Petrolífera Orion’. Las firmas citadas efectuaban trabajos de perforación sin contar con la autorización correspondiente del Ministerio de Agricultura. Con respecto al petróleo de Plaza Huincul, el informe expresaba que era de óptima calidad, con un contenido de 45 % de nafta, 5 % de kerosene y 40 % de fuel oil. Proponía Mosconi, para 1923, instalar en dicho yacimiento una destilería capaz de procesar toda su producción.

El general Enrique Mosconi, fundador de YPF