HACE 20 AÑOS MORÍA JOSÉ MARÍA MUÑOZ, EL RELATOR DE AMÉRICA

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El 14 de octubre de 1992 falleció José María Muñoz, uno de los más famosos relatores de fútbol de la Argentina. Comenzó en el periodismo en los años ’40 y dirigió La Oral Deportiva de Radio Rivadavia durante 35 años. Polémico y denostado por sus críticos, gozó de una gran popularidad y estuvo vigente hasta el final de su carrera. Recordamos al creador de famosas frases como “peligro de gol” con tramos de José María Murió, nota de Juan José Panno en el diario Página/12 del 15 de octubre de 1992.

“El Gordo Muñoz, el que alguna vez, en el ’79, utilizó el micrófono para gritarles ‘a esos señores de la OEA’ que ‘los argentinos somos derechos y humanos’ y que ‘no vamos a permitir esa campaña de difamación contra el país’; el que inventó casi todo en materia de transmisiones radiales; el que se obsesionaba con el trabajo a tal punto que el domingo último pretendió conducir parte del programa de Radio Rivadavia desde la clínica en la que estaba internado, casi agonizante; el que se enrolló y perdió por nocaut la polémica con Clemente por los papelitos en el Mundial del ’78; el ‘gordo bonachón y solidario que siempre le tendía una mano a quien la necesitaba’; el que metía el slogan ‘señora vacune a su hijo’ colaborando con la campaña de ALPI entre pase y pase durante el relato de los partidos; el creador del peligro de gol; el fabricante de históricos atentados contra el idioma como aquel tan recordado ‘señor, deposite su óvulo en la alcancía’; el que se las componía para mantener buenas relaciones con los funcionarios de turno ‘porque soy como Neustadt’; el relator de América; el que le dio el canto de su voz al folclore futbolero para llenar tantos domingos; el que alguna vez se enojó porque hablando de Gatti alguien lo relacionó con Dorian Grey y dijo: ‘Estamos hablando de arqueros ar-gen-ti-nos’; el Gordo Muñoz, José María Muñoz, murió a las 3.45 de ayer, a los 69 años, víctima de una afección renal, en el Sanatorio de la Trinidad, donde estaba internado.
(…)
En su historia clínica figuraba que el 27 de enero le había sido extirpado el riñón izquierdo atacado por un tumor canceroso. En aquel momento, tras una semana en terapia intensiva, evidenció una rápida recuperación, por lo que al poco tiempo retomó sus tareas, con el ritmo habitual: de sol a sol. Así siguió hasta la semana pasada, cuando fue internado para un chequeo. Desde su lecho de enfermo abrió y cerró la trasmisión de Radio Rivadavia en el partido Boca-River. No podía haber sido de otra manera.
En 1947, el entonces Flaco Muñoz relató su primer partido oficial: Quilmes y Rosario Central, por el campeonato de ascenso, instalando su puesto de transmisión en el chalet donde hoy está la confitería en la sede social de Quilmes.
Su padre, también José María, viajante de comercio, murió cuando él tenía 16 años. Su madre, Carmen Expósito, ‘una gallega maravillosa’, trabajaba como sirvienta. En cualquier reportaje de los mil que le hicieron, Muñoz contaba que cuando falleció el padre abandonó el secundario y empezó a trabajar limpiando botellas y frasquitos en la Farmacia Central, de José Hernández y Cabildo, y que ‘en esa época comía salteado’. También cuando trabajaba en la Flota Aérea Mercante Argentina, bajo las órdenes del ingeniero Alvaro Alsogaray. No es tan fácil en cambio, en el repaso del archivo, chequear los datos sobre sus acciones en Radio Rivadavia. En una nota dijo cinco, en otra cinco mil y cuando le marcaron esa contradicción respondió: ‘El 5 por ciento’. En uno de los últimos reportajes (Gente, 1991) habló del ‘3,5 por ciento’. Lo cierto es que no vivía en la opulencia y que quienes estuvieron alguna vez en su casa de Belgrano hablaron de una casona-estudio porque su lema era algo así como ‘del trabajo al trabajo’. De su obsesión por la tarea periodística contó Julio César Calvo, uno de sus comentaristas durante años: ‘Cierta vez estábamos en Europa y como había problemas financieros en la radio nos pidieron que no hiciéramos notas de más de 3 minutos. La primera que hizo duraba exactamente 47 minutos’.
Calvo asegura que el Muñoz que conoció era ‘desideologizado” y aunque no olvida que ‘colaboró, indirectamente, con la última dictadura militar’, resalta que ‘en su actitud había algo de ingenuidad y de inocencia, porque él quería lo mejor para el deporte y no sabía marcar diferencias entre quien detenta el poder y quien es elegido por el pueblo’.
Hace un par de años, cuando le preguntaron por la actuación de los medios de difusión durante el último gobierno militar declaró: ‘No puedo decir que fueron responsables. En cuanto a mí, yo iba atado nada más que al deporte, de manera que recién ahora me entero de ciertas cosas; los periodistas que hacen política, en cambio, estaban más enterados que yo. Yo vivía para mí, no tenía la experiencia de otros, no sabía…’
Julio César Calvo es hermano de Adriana Calvo de Laborde, secuestrada en Ia época del Proceso y luego liberada. ‘Muñoz -recuerda- fue uno de los pocos tipos que me dio una mano en la búsqueda, cuando casi todo el mundo se abría. Y yo de eso me enteré muchos años después y casi por casualidad. Él nunca me dijo nada, pero yo supe que se movió y de eso no puedo olvidarme.’
Su trabajo de tantos años con el periodismo deportivo sólo sufrió alguna interrupción durante la autodenominada Revolución Libertadora, que sacó del micrófono al equipo de Luis Elías Sojit en el que él participaba. Un par de años después, con la ayuda de Alfredo Curcu, logró reubicarse y empezó a convertirse en uno de los propietarios del domingo futbolero. Desde el Mundial de Suecia estuvo en todos, pero también relató remo, ciclismo, polo y toda clase de espectáculos deportivos. Fue un innovador en las transmisiones con la prepotencia de trabajo de Roberto Arlt, y eso lo admiten hasta sus más profundos detractores. Vivió para eso. Y así murió.
– ¿Se quiere morir en una cancha detrás del micrófono? -le preguntaron en Gente del 12 de diciembre del ’91.
-No, para nada, eso le pasó al pobre Ardigó, que se murió en la tribuna América, pero no quiero ese destino. No siempre soy el Muñoz del micrófono.
El Gordo Muñoz, el padre de Carlos Alberto, el que inventó el golygolygolygol cuando ya empezaba a quedarse sin voz; el que hacía 20 años que no podía recordar cuándo había ido al cine por última vez; el de las conexiones con la base Marambio; el que transmitió 24 horas cuando ocurrió la tragedia de la Puerta 12 en el ’68; el de los reportajes complacientes que no contenían preguntas por lo cual su entrevistado solía responder la verdá que sí, José María; el que terminó con la chapa del Alumni; aquel que, como dijo Calvo, tenía como principal virtud su obsesión por el trabajo y como principal defecto su obsesión por el trabajo, murió ayer.”

Muñoz relata los goles de Argentina-Holanda, en la final del Mundial 1978