LA FUGA DE LA CÁRCEL DE RAWSON

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Hace cuarenta años, el 15 de agosto de 1972, un grupo de presos políticos se fugó del penal de Rawson (Chubut). Mientras que algunos pudieron volar al exterior, los restantes quedaron rodeados en el aeropuerto de Trelew y debieron rendirse. El fallido escape, en tramos de Sur, el avión y después… lo que no se dijo de la insurrección guerrillera, nota del desaparecido periodista Ernesto Luis Fossati en la revista Primera Plana, nº499 del 22 de agosto de 1972.

‘Estoy desilusionado. Veníamos a liquidarlos a todos y están vivos. Si se
hubieran animado a disparar un tiro, no dejábamos uno. Pero se rindieron, los muy cobardes…’ El arrebato lo tuvo, el 16, un oficial del 8 de Infantería, frente al teniente coronel Muñoz, Jefe de Operaciones de las fuerzas regulares que actúan en el Chubut. Aunque no se justifique, el desafuero se comprende. El militar había llegado a Rawson el día anterior, con la intención de practicar sus conocimientos antiguerrilleros y terminó frustrado. Para colmo, pasó la noche en vela, por culpa de 165 inopinados presos políticos que decidieron cambiar la cena del 15 por un batifondo que culminó como todo el mundo sabe: seis guerrilleros en Chile, diecinueve copando en tiempo récord el aeródromo de Trelew, y el resto, en el Penal, haciendo paro activo.
Por eso, el clima no es, en Chubut, propicio para gente calma. Aquella frase lo expresa bien. Pero hay otras que clarifican más el concepto. Un jefe que voló desde Comodoro Rivadavia con los 500 efectivos del 8 de Infantería y la Brigada Antiguerrillera exageró, impotente, el mismo día: ‘Esperábamos una resistencia feroz, pero son unos patoteros, todos de la misma calaña. No pelean, son c…’ No era para menos. En veinticinco minutos (el operativo Rawson comenzó a las 18.05 y a las 18.30 salían del presidio los primeros seis), el gobierno militar veía escurrirse de entre sus rejas a media docena de sus mejores prisioneros: Roberto Robi Santucho (ERP), sociólogo graduado en Harvard, que fugó espectacularmente de Tucumán en 1969; Roberto Quieto (FAR), abogado; Enrique Gorriarán (ERP); Domingo Menna (ERP); Marcos Osatinsky (FAR), y Fernando Vaca Narvaja (Montoneros), hijo del ex Ministro del Interior durante la presidencia de Frondizi.
La presencia en el grupo de miembros de distintas organizaciones armadas no fue casual, sino uno de los factores tomados en cuenta en el operativo. La guerrilla argentina aspira a superar sus diferencias para formar el Ejército del Pueblo. Desde otro punto de vista, el operativo constituye la avanzada más peligrosa realizada por los grupos a la fecha. Bajo la jefatura de las FAR (determinación tomada en conjunto), la evasión exigió cinco meses de minuciosos preparativos. En ese tiempo, inclusive, detectaron el santo y seña usado para el relevo de centinelas en las torretas del muro que rodea el penal. Primitivamente, la acción se dividía en dos. Mientras los prisioneros subvertían adentro la relación de fuerzas, afuera, una camioneta, dos autos y tres camiones (no uno, como se dijo) darían el necesario apoyo externo, reduciendo a la primera guardia (el penal tiene tres, escalonadas) para ingresar luego con walkie-talkies.
Ese fue, en efecto, el primer inconveniente: ningún comando externo operó sobre la guardia. La falla -desconocida- restó a los guerrilleros un elemento importante, en cualquier tipo de guerra: la comunicación. En la cárcel, otro imponderable, también desconocido, evitó que el objetivo se cumpliera fielmente. La intención era liberar 110 detenidos; sólo 25 lograron salir y muchos menos pudieron alcanzar el BAC One-Eleven de Austral. El grupo de Santucho llegó con tiempo a Trelew. Pero, a falta de walkie-talkie, debieron esperar en el aeropuerto antes de decidirse a correr la suerte solos. Al fin, pretextaron una bomba en el aparato -estaban uniformados- y cerrando la puerta por dentro se fueron a Chile. Eran las 19.27. Cinco minutos después, los diecinueve restantes terminaban de quebrantar el esquema vital de Héctor Alonso, gerente de la compañía aérea que en esos instantes recibía de Ford, el comandante del One-Eleven, un insólito pedido: ‘Informe meteorológico sobre las rutas de la Cordillera’.

DIALOGO ENTRE PROFESIONALES

Los retrasados, lejos de quejarse, se resignaron pronto. Quitándose los uniformes (debajo vestían ropas civiles) anunciaron al público que fuerzas combinadas del ERP, las FAR y Montoneros asumían la jefatura del aeropuerto. Armas no les faltaban: fusiles ametralladores livianos (FAL), pistolas Browning 9 mm y ametralladoras portátiles. El desvío de un avión de Aerolíneas Argentinas, que a punto de aterrizar remontó vuelo alertado por la Base Aeronaval de Trelew, terminó con sus esperanzas. Ahora, apenas quedaba ganar tiempo y distraer al enemigo para favorecer a los comandos externos en retirada.
A las 23.15, decidieron rendirse. Pero, en ese lapso, sucedieron algunas cosas. El coronel Perlinger, viejo zorro castrense, revistaba entre los obligados a quedarse. Curioso, el militar retirado dialogó con los guerrilleros: ‘He conversado con ellos de mi ejército y del suyo. Tengo la convicción de que son profesionales -valoró-. Pero no en un sentido peyorativo. No son inconscientes que andan a los tiros por ahí. Saben cuándo deben matar, cuándo deben atacar, avanzar, retroceder, o rendirse incondicionalmente. Son profesionales en el arte de la guerra’. Perlinger fue más lejos: ‘Tengo mil razones para estar en contra de ellos, pero tengo más de mil para estar en contra de Mario Hirscht, por ejemplo. Hablando con alguno de estos muchachos -agregó-, le dije: «Señor, no coincido con usted ideológicamente en nada, pero le rindo el mismo respeto que rendía un romano a un cristiano cuando lo tiraban a los leones y sabía levantar la cruz. Al país lo van a construir los que sean capaces de tirarse a los leones».’
Menos politizado, Angel Rogers, de 8 años, preguntaba a su padre John, concesionario de la confitería: ‘¿Son guerrilleros éstos?’ .’Sí’, fue la respuesta. ‘Pero, ¿son revolucionarios?’, insistió el niño. ‘Eso dicen.’ La vocecita no se dio por vencida: ‘Pero, ¿para bajar los precios?’ Como todo tiene que ver, vale citar lo que acotó al otro día un oficial de la Brigada Antiguerrillera: ‘En Comodoro, la vida está muy cara, una docena de huevos sale casi 600 pesos viejos, yo gano 70 mil y mi señora tiene que trabajar’. Minutos antes, se había lamentado por no tener ningún guerrillero a cuenta.
La rendición del grupo de Trelew -14 hombres, 5 mujeres- fue condicionada a exigencias concretas, pactadas con el capitán de corbeta Luis E. Sosa, jefe de la Base Aeronaval Almirante Zar. Cuando los comandos pidieron un juez, un médico y periodistas, Sosa se ofendió: ‘¿Usted me acusa de torturador?’, quiso saber. ‘Yo no digo que usted lo sea -serenó uno del grupo-, pero, créame, tenemos alguna experiencia en eso.’
(…)

En la conferencia de prensa -cincuenta minutos de grabación que todos los medios redujeron a lo increíble-, el ERP, las FAR y los Montoneros sentaron el precedente de la unidad futura:
‘Aquí hay compañeros de tres organizaciones -señaló el montonero Mariano Pujadas-. Esta acción es, entonces, significativa de nuestra voluntad de unión. Estamos juntos en esto, y vamos a luchar juntos por la liberación de nuestro Pueblo. Aún nos separan algunas diferencias políticas. Pero estamos seguros de que al calor de la lucha serán superadas. Dos de las organizaciones que están aquí son peronistas, la otra no. Pero eso no es una traba. Los compañeros peronistas que estamos aquí ya lo hemos dicho, y lo repetimos: no somos nosotros los que elegimos la violencia como camino. Si el régimen tuviera la voluntad de dar elecciones limpias, sin ninguna traba, el pueblo y nosotros lo aceptaríamos. Pero en los hechos, la cháchara de las elecciones limpias se inspira en una falta de voluntad para pacificar el país. Hasta que el régimen no libere a los presos políticos, que son miles, hasta que no termine con la tortura, con secuestros y los asesinatos, mientras no permita que la voluntad popular se exprese, seguiremos de pie, frente a él’.
Allí presente, el Juez de Instrucción de Rawson, Alejandro A. Godoy, presidió la revisión médica de todos los evadidos, a cargo de Atilio Viglioli, un ex vicegobernador provincial, y actual dirigente de la UCR. ‘Yo estaba muy tranquilo entre ellos -reconoció a Primera Plana el doctor Godoy- nunca me sentí apresado. Supongo que eso se debió al trato, que fue muy correcto’. No obstante, uno de los guerrilleros discutió con la esposa de Rogers, por una cuestión de precios. El diálogo fue así: ‘¿Setenta pesos un Aero?, ¡qué caro!’ ‘¿Cuánto hace que está preso?’ ‘Unos seis meses…’ ‘Y en ese tiempo los aumentos fueron del demonio.’ La señora aclaró a este enviado: ‘Estuvieron muy amables, y el del chocolate me hizo reír a carcajadas. Pagaban todo lo que consumían’.”

Trelew, la fuga que fue masacre. Documental Parte 4 de 6

Enlace externo:
7-5-2012: Empieza en Rawson el juicio por la Masacre de Trelew