LA VISITA SECRETA DEL CHE GUEVARA

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En agosto de 1961 Ernesto Guevara hizo un viaje de incógnito a la Argentina. Tras participar de una reunión interamericana donde se discutió el proyecto estadounidense de la Alianza para el Progreso, el Che se entrevistó en la residencia de Olivos con el presidente radical Arturo Frondizi. La crónica del encuentro, en La entrevista Frondizi-Guevara, nota de la revista Todo es Historia, nº 297 de marzo de 1992.

“A las 10 y media de la mañana del 18 de agosto de 1961, a bordo del taxi aéreo Bonanza matrícula CX-AKP, Ernesto Guevara, ministro de Industrias de Cuba que acababa de tener un papel protagónico en las sesiones del Consejo Interamericano Económico y Social, reunido en Punta del Este, arribó al aeropuerto de Don Torcuato, en las afueras de Buenos Aires. Lo acompañaban Jorge Carretoni, un asesor del Consejo Federal de Inversiones a quien Frondizi le había recomendado la misión de traerlo secretamente, y un colaborador del Che, Ramón Aja Castro.
Un contacto extraoficial entre Guevara y el delegado norteamericano al cónclave económico del Uruguay, Richard Goodwin, y las intenciones negociadoras con Cuba que el presidente Kennedy parecía tener según informes que Dardo Cúneo enviaba a Frondizi desde la embajada en Washington, habían alentado al presidente argentino a encarar, en conjunto con Brasil y tal vez con Chile y México, una acción negociadora del tipo de la que Argentina, Brasil y Chile -el grupo ABC- habían efectuado ante Estados Unidos a raíz de la ocupación de Monterrey en México, medio siglo atrás.
De Don Torcuato, Guevara se dirigió por tierra a la residencia de Olivos, escoltado por dos tenientes de fragata de la custodia presidencial, Emilio Filipich y Fernando García Parra, quienes traían precisas instrucciones de Frondizi de recoger en la estación aérea a un visitante que ‘reconocerían’ y al que debían trasladar, fuertemente protegido y sin escalas ni detenciones de ningún tipo, a la antesala del presidente.
Las distintas versiones sobre lo conversado entre Frondizi y el Che coinciden que se trató de un encuentro cordial entre personalidades que se respetaban, donde ambos expusieron sus puntos de vista sobre la situación continental. Se asegura que el primero le señaló la inconveniencia de fomentar la violencia en la región, así como de integrar a Cuba al Pacto de Varsovia, a lo cual el Che habría respondido que no existía otro camino para los países pobres de Latinoamérica.
Un Guevara insólito, habría concordado en cambio con Frondizi en una suerte de condena a los fusilamientos, que «generan dos tipos de héroes: los muertos y los delatores».
Tiempo después, Frondizi diría al periodista Hugo Gambini que Guevara lo impresionó como «un temperamento idealista, decidido y apasionado, pero profundamente equivocado en su análisis de la situación latinoamericana» y sostendría que en el momento de la entrevista «era posible el arreglo entre Estados Unidos y Cuba», luego frustrado por «enormes presiones que se ejercieron contra esta solución, sobre Kennedy y sobre los países latinoamericanos que propiciaban tal arreglo».
Cinco días más tarde, en un programa especial de la televisión cubana, el Che informó al público sobre los resultados de la Conferencia económica de Punta del Este y otros aspectos de su viaje, destacando la «decidida actuación» del Brasil que impidió que «se tomara otro tipo de acuerdos que podrían ser lesivos para la delegación cubana». Guevara no incluyó a la Argentina, su país natal, entre los más solidarios, si bien señaló que otros países «muy grandes» habían asegurado que no se plegarían a una condena a Cuba y agregó: «Argentina también ayer, por boca de su presidente (alusión a un discurso de Frondizi donde explicó a la Nación su posición frente al problema cubano), ha adoptado una actitud parecida».
A continuación respondió a preguntas de un panel de periodistas, confirmando las versiones sobre su encuentro con Goodwin, «a título personal» y sin representar a sus respectivos gobiernos, en la casa de un diplomático brasileño (el delegado permanente, Brasil ante la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, Gerson Augusto da Silva) que también ofició de intérprete. Y en presencia, aunque eso no lo informó el Che, del embajador brasileño Edmundo Barbosa da Silva y el delegado argentino Horacio Rodríguez Larreta.
Guevara dijo que el asesor de Kennedy se comprometió a transmitirle «algunas observaciones» a su gobierno, y que «Cuba se limitó a decir por mi boca la conocida posición cubana» de disponerse a conversar tanto como a llevar la lucha hasta sus últimas consecuencias y la exigencia de ser reconocidos como «un país más» dentro de Latinoamérica y de la OEA, «con una organización social y económica diferente» y el «derecho absoluto a tener las amistades que nos plazcan».
Al preguntársele por su entrevista con Frondizi, respondió que fue «realizada en condiciones anormales» y que en casos como éstos correspondía a «los jefes de Estado invitantes» dar la «versión apropiada de la reunión». Explicó, no obstante, que «fue a puertas cerradas entre el presidente Frondizi y yo» e insinuó que un resultado del encuentro había sido la «forma elogiosa o afimativa con respecto a Cuba y sobre todo a la autodeterminación de los pueblos» que había empleado Frondizi a posteriori y que «para nosotros es tan vital, porque nosotros no pretendemos que defienda nuestro sistema social sino que defiendan todos los pueblos de América nuestro derecho a tener el sistema social que nos parezca, que es lo que el presidente Frondizi ha hecho».
¿A eso vino el Che? Los testigos más calificados para la interpretación de las relaciones internacionales, coinciden en encontrar una explicación emocional: Guevara cruzó el Río de la Plata -estaba en Punta del Este- más que nada para visitar a una tía muy querida, María Luisa Guevara de Márquez Castro, gravemente enferma y a la cual vería por última vez, previa autorización de Frondizi, en un alto entre la residencia de Olivos y el aeropuerto de Don Torcuato, antes de dejar el país del mismo modo en que había arribado.
Sin embargo, parece poco creíble que un hombre duro como Guevara, que se despidió de su familia para iniciar un periplo latinoamericano que lo alejaría para siempre del país, y que hizo más tarde lo mismo con su mujer y sus hijos movido por su fiebre revolucionaria, actuara como sobrino antes que como hombre de Estado. Además, ¿a qué lo trajo Frondizi? Una interpretación psicologista y nada descabellada es que él, tanto como el Che Guevara, amaba caminar por el filo de la navaja.”

Ernesto Che Guevara entrevistado por Canal 7 de Buenos Aires sobre el encuentro de Punta del Este