LOS CIEN AÑOS DE ARSENIO ERICO

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El 30 de marzo de 1915 nació en Asunción del Paraguay Arsenio Pastor Erico, uno de los grandes goleadores del fútbol continental. En la Argentina se destacó en Independiente de Avellaneda donde jugó entre 1934 y 1946, ganando los campeonatos de primera división en 1938 y 1939. Durante décadas se lo consideró el máximo goleador del profesionalismo local, con 289 goles. Aunque posteriores revisiones elevaron su marcador a 295 tantos en 332 partidos. Su recuerdo, en fragmentos de El más grande goleador de la historia, entrevista de Raúl H. Molina en la revista Goles.

“Tenía todo: gambeta, velocidad, tiro, gol… Cabeceaba como un fenómeno. Grito fervoroso de la hinchada de Independiente, arrastró multitudes a las canchas que iban a ver «sus goles». En una temporada en la que la delantera roja con Maril, De la Mata, Erico, Sastre, Zorrilla, pasó de los 100 goles, el piloto paraguayo hizo la mitad. Grande entre los grandes del fútbol argentino su figura se perpetuó como el más grande goleador de la historia.
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Él vino de Paraguay extraído de la selva del Chaco, en una hora trágica de América, y a las 48 horas de estar en Buenos Aires era sensación de las canchas e ídolo de hinchada del club de Avellaneda. Después ya no hubo fronteras de colores; sus goles suscitaron una pasión honda en las multitudes que llenaban las canchas para ir a ver «los goles de Erico», el paraguayo de mimbre que parecía hacer un gol cuando él quería. Por una docena de años pareció ser el dueño del gol, pero todas sus hazañas quedaron minimizadas con su tripleta inigualada de tres temporadas como scorer con cifras sin parangón: 47 goles en 1937, 43 en 1938 y 40 en 1939.
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La presente es una charla de dos horas mantenida con Erico en su casa de Castelar (…) «en la época que yo jugué el fútbol no tenía la tremenda difusión de ahora. Desde luego, no existía la televisión, ni había tanta cantidad de publicaciones especializadas ni tampoco los diarios le daban tanto espacio para contar los partidos y la vida de los jugadores. Hoy es un mundo distinto. En el fútbol se juegan fabulosas cantidades de dinero, y como consecuencia, los jugadores cobran mucho. Tal vez ésta es una de las razones porque el fútbol mismo ha cambiado. Pero yo no critico a los jugadores de ahora; por el contrario, los felicito. Yo llegué a cobrar doscientos pesos mensuales en Independiente más un porcentaje que nos daban de la recaudación por partidos ganados. Para esos efectos, el empate no tenía valor. A veces, con suerte, jugando con River o Boca, cobrábamos 80 o 100 pesos extras. Y el contrato mayor que firmé fue por 7.500 pesos repartidos en cuotas trimestrales. Hoy perciben millones. Es que los tiempos son distintos. Yo de lo mío estoy conforme. Jugué porque me gustaba y me divertía. Cuando me di cuenta que la cosa ya no iba y que empezaba a aburrirme, largué. En 1947 jugué tres meses en Huracán y dije basta.
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—Ya que mencionó los 47 goles del Campeonato de 1937, ¿cómo fue esa historia de los 43 del año siguiente?
—Con el tiempo se ha deformado un poco. No es efectivo de que hubiera existido un premio instituido por una popular marca de cigarrillos para el jugador que en la temporada marcara 43 goles. Ocurrió que en el último partido del torneo nosotros enfrentábamos a Lanús y algunos periodistas amigos se me acercaron al vestuario con una iniciativa: «Mlrá, Arsenio, no te pasés de los 43 goles. Si los conseguís nosotros nos vamos a encargar de convencerlos a los fabricantes de estos cigarrillos de la conveniencia que es para el prestigio de su marca, que te acuerden un premio especial.
Salí a la cancha pensando que nada podía perder si lograba fijar mi cuota de goles en los 43. Y como me faltaban dos, me conformé con hacer sólo un par. Independiente ganó ocho a uno (**), pero yo me paré en mis 43, y en la semana la idea aquella de los periodistas se tornó realidad; me llamaron de la industria tabacalera y me entregaron una recompensa de dos mil pesos. Una pequeña fortuna para aquellos años. Todo esto ocurrió en 1938. El ‘39, si mal no recuerdo, fui segundo en la tabla de goleadores, y en 1940 recuperé mi posición de goleador absoluto con 40 goles. (…) En una de esas temporadas Independiente superó los 100 goles y míos fueron casi el cincuenta por ciento. Pero los goles eran de todos, los podía hacer yo, De la Mata, Sastre, cualquiera, pero le pertenecían a todo el equipo a su equilibrio y a su fútbol, que estaba puesto al servicio de la búsqueda constante y la conquista del gol. Era una vocación del equipo…
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Comprendo que los tiempos y las exigencias han cambiado. Hoy sólo parece regir el imperativo de ganar a cualquier precio, aun en detrimento del fútbol mismo. Yo creo que es una cuestión económica, que supera incluso el propósito y la vocación de los que quieren jugar. Yo no me convierto en censor de nadie, simplemente marcos dos épocas distintas, aquélla, la mía, sin rescate. Tal vez será por eso que ahora no voy a las canchas. No sé. Se trata de un modo de sentir el fútbol, y lo actual no me llega ni me toca. Pero lo respeto. Yo no puedo detener la marcha del mundo ni menos oponerme a los cambios en la existencia humana. Sucedió con todas las actividades del hombre y no veo razón para que el fútbol haya podido escaparse a este proceso. Cada cual vive el tiempo que le corresponde. Yo hice la mía y fui feliz porque jugué el fútbol como lo sentía, lo que me proporcionó diversión y alegría de vivir. Sentí la sensación real del hombre que colmó sus aspiraciones, porque vivió en plenitud, conforme consigo mismo.”

Arsenio Pastor Erico Un saltarín elegante y mortífero

Notas:
(*) Independiente formó con: Bello; Fazio y Lecea; Ferrou, Corazzo y Celestino Martínez; Rojas, Álvarez, Erico, Sastre y Adolfo Martínez. Fuente: Historia del profesionalismo, de Pablo Ramírez.

(**) Independiente derrotó 8 a 2 a Lanús, según la Historia del profesionalismo de Pablo Ramírez.

Texto completo de El más grande goleador de la historia, entrevista de Raúl H. Molina en la revista Goles.

Más información, en la base de datos del Archivo Roberto Santoro