Sin banderas políticas y con mucho miedo

El jueves pasado el trajín ciudadano de la calle Corrientes no fue el habitual. Ese 8 de noviembre se concentró, a pocas cuadras del Obelisco, una de las marchas más fastuosas en contra del gobierno de la presidenta Cristina Fernández. Las consignas del día denominado “8N” eran claras: contra la corrupción, a favor de la Constitución, por una justicia libre y, además, contra el gobierno kirchnerista.-

Calor y agite, cacerolas, botellitas de agua, carteles, cornetas, matracas, pancartas y una enorme bandera argentina que recorrió, de la mano de los manifestantes, la avenida 9 de Julio con el himno nacional de fondo. Corrientes y Callao se tranformó en el punto más concurrido de una protesta generalizada con ribetes festivos para decirle basta al “autoritarismo” de la gestión de CFK.

Gestado desde las redes sociales y fogoneado por los medios de comunicación, el autodenominado 8N logró reunir a un amplio abanico de personas y personajes. Pasadas las 19.30, la zona comenzó a colmarse de manifestantes que llegaban apresurados para expresar su descontento con diferentes medidas del proyecto político actual. Como plantea Luciano Bugallo, colaborador del sitio “El Cipayo” y señalado como uno de los organizadores de la marcha: “A sido una movilización sin precedentes, las estimaciones que han realizado los distintos organismos oficiales y varios de los medios masivos de difusión no se correspondieron con lo realmente sucedido”.

Quizá uno de los pocos denominadores comunes que se encontraban era la paranoia, como forma de prevenir “infiltrados” – concepto utilizado por la diputada Elisa Carrió- que alteraran el supuesto orden pacífico de la marcha. “Corrámonos para otro lado, estos pibes no son de acá”, dijo una mujer de unos cincuenta años a su amiga al ver a tres jóvenes con cámaras de fotos y un grabador de periodista.

El espacio físico se achicaba al pasar los minutos. En distintos puntos de la protesta se vivía un clima eufórico y había caceroleros repartiendo banderitas argentinas. ¿Quién había “donado” tanta cantidad de símbolos patrios? ¿Quién habrá aportado el dinero para comprarlas?

Paula era una de las tantas personas que tenía una caja con banderas para repartir en la 9 de Julio: “Pienso que de verdad es demasiado todo lo que nos están haciendo, esto es democracia; estamos manifestando por algo que no nos gusta del gobierno. Lamentablemente es así como tenemos que salir a la calle.

-¿Militás en algún movimiento u organización en particular?

-Somos de una ONG.

-¿Cuál?

-¿La ONG? (le pregunta a una amiga con la que repartía las banderas y que la mira sin decir nada).

Lamentablemente Paula no pudo responder en qué ONG partipa y por qué repartía banderas argentinas.

A metros del local de Oca apareció una camión negro que trasladaba una pantalla gigante con una especie de grúa. Allí se proyectarían imagenes ridiculizando a la Presidenta, a su hijo Máximo Kirchner (cuya cabeza aparecía superpuesta en el cuerpo de un gordido que bailaba salsa), y a Guillermo Moreno. “ Este es un día importante porque esta marcha es más grande que la anterior. Le estamos demostrando a la Presidenta que somos argentinos y que queremos otro país”, comentó Horacio Casaval desde adentro del vehículo.

Poco antes de las nueve de la noche los manifestantes se dividieron. Algunos marcharon hacia Plaza de Mayo por la avenida Roque Sáenz Peña con una camioneta blanca con megáfono y parlantes que actuaba como guía; otros permanecieron en el Obelisco. Cientos de personas peregrinaron por la avenida hasta la calle Bolívar, entre ellos, un colectivo un tanto destartalado con el logo del Gobierno de la Ciudad que avanzaba lentamente.

Estamos por entrar a nuestra Plaza de Mayo con alegría, con paz, por la patria, por Argentina. ¡No tenemos miedo! ¡Argentinos como hermanos!”, gritó el hombre del megáfono con una marcha patriótica que sonaba de fondo.

Eduardo Martín Velázquez

ver recuadro http://www.teaydeportea.edu.ar/domingo/politica/del-campo-a-moyano/