EL CAOS Y LAS FORMAS DE VIVIR DENTRO DE ÉL

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«Cuando uno piensa en algo muy destruido siempre está hablando de escombros, y en realidad no todo se rompe absolutamente”, dice Agustina Muñoz, autora y directora de la obra teatral Neón, al contar por qué quiso escribir una historia cotidiana situada en un contexto de caos.  Se inspiró en el gueto de Varsovia, donde en medio de los horrores de la guerra, los judíos que lograban sortear la muerte seguían enamorándose, casándose, festejando cumpleaños. “El ser humano, una vez que estalló todo, con los restos que quedan trata de armarse un cotidiano, algo familiar, sino se muere”, explica la directora.

Luego de haber escrito una obra situada en una base científica en Alaska y otra en una playa caribeña, Muñoz quería crear una historia que tuviera lugar en la ciudad, y sin tener en claro por qué, no pudo asociarla más que con algo en decadencia: “Me vino como el único escenario posible, ahí adentro, algo que estuviera terminando”, recuerda.

Esta joven artista creó un escenario caótico que apenas esbozó en la obra, un apocalipsis que no todos los espectadores perciben porque aparece como un eco lejano aunque permanente. “Incluso al principio puede parecer que es liviano el modo en que está tratado porque los personajes no dan signos de su drama. Pero es que en realidad, cuando las cosas pasan ya no se habla tanto de eso. Cuando hay que sobrevivir o  ponerle el cuerpo a una situación no hay mucho tiempo para estar lamentándose. Es tan rotundo lo otro”, dice ahondando en los fundamentos de la sutilieza con la que decidió pintar el trasfondo.

Incluso para la propia autora, Neón acarrea misterios e infinitas interpretaciones. Es como si ella hubiera propuesto un par de ideas disparadoras y la obra hubiera tomado su propio camino, tan inicerto para la audiencia como para su creadora. De todos modos, Muñoz parece disfrutarlo; confiesa que le gusta no saber qué pasó en esa ciudad en ruinas en la que transcurre la acción. Supone que fue una gran guerra, o un colapso económico, pero no está segura. Nadie puede estarlo, entonces.

La dramaturga considera que la potencia de imaginar un apocalipsis reside en las muchas posibilides que ofrece: “Supongo que si viene una ola que arrasa todo, es un panorama. Pero no sabemos bien cómo va  a ser si es que en algún momento hay algún fin de un sistema, de una forma de vida o algo así. Uno puede pensar variantes de la propia muerte y más o menos conoce esas variantes, pero lo otro es el gran misterio”, dice como hurgando en las profundidades de sus propios interrogantes.

Como una metáfora de la capacidad humana de naturalizar hasta el escenario más atípico, los personajes de Neón viven en una escena donde la luz va y vuelve intermitentemente, donde falta el agua, donde la calle parece ser una amenaza, sin que eso aparezca como un problema explícito, como una realidad cuestionable. Para los personajes esas complicaciones son un paisaje, el escenario derruido donde se desarrolla la vida. “Es algo a la vez trágico y reconfortante del ser humano; que tiene esa capacidad de adaptación, de seguir generando vida ocurra lo que ocurra”, dice la autora.

Entre tantos ríos que navega el guión, uno de ellos  tiene que ver con el tema de la fuerza del destino, que aparece de la mano del personaje de Gabi y sus sueños premonitorios. Aunque parezca raro, a Muñoz

le gusta desconocer si Gabi soñó lo que iba a pasar o si tuvo un sueño y logró instalarlo en la realidad. Asegura que disfruta esa posibilidad siniestra de que el personaje bondadoso que creó -así, como si se emancipara de su dueña-, pueda ser quien por “algo como el poder del pensamiento”, termine provocando los macabros finales que augura.

Agustina Muñoz ganó en 2009 el Primer Premio de Dramaturgia Inovadora en el festival Escena Contemporánea de Madrid con esta obra. Sin embargo, la autora confiesa que el guión de Neón cambió mucho, sobre todo en los ensayos, desde que le otorgaron aquel premio. “La obra que ganó el premio es como la mitad de ésta”, concluye rompiendo el silencio con una carcajada pícara.

María Delfina Torres Cabreros 2do año(tea)