María José Lubertino: “Ser de vanguardia es un karma”

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Mujer 2.0, en la política es obsesiva, como docente tiene “cátedras por todos lados” y en la maternidad se maneja de forma relajada. Es canchera, omnipotente y un tanto verborrágica. Conocida y criticada por su mente abierta, ya sea porque propone el reparto de preservativos a partir de sexto grado o porque defiende el aborto, ella asegura: “A mí ya no me entran las balas”. Un desmantelamiento del personaje que se muestra continuamente en la tevé, y que busca difundir sus ideas por cuanto medio sea posible.

Con tanto derrumbe edilicio en la Ciudad de Buenos Aires, se mira con un poco de desconfianza el antiguo ascensor de la Legislatura. Finalmente, se llega. Piso quinto, despacho 304. La puerta está abierta. Sólo queda esperar.

Hay computadoras y muchos jóvenes que operan de asistentes. “Nutrí mi despacho y el Inadi con mi equipo de las cátedras de la UBA, es como el semillero de los clones, la fantasía de la reproducción de mis ideas”, declarará María José Lubertino entre carcajadas dos días después, recostada en un sillón de su departamento.

Hay un cuadro que muestra el dibujo de una mujer soldado y que debajo esboza la frase “We can do it!”, ícono del feminismo. También hay afiches sobre sus proyectos y cuadros con fotos de María José. Ella, junto al ex presidente Néstor Kirchner; ella en una manifestación de los pueblos originarios, ella con Caetano Veloso, ella…

“Ella no va poder darte la entrevista hoy”. Las palabras de Lautaro, su prensero, en una tarde de 28ºC, que muy probablemente sea más alta en pleno centro de la Capital Federal, casi generan urticaria. Dejamos la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires con ese trago amargo de ni siquiera haber podido conocer su oficina.

En la calle Costa Rica, entre Scalabrini Ortiz y Malabia, barrio de Palermo, la vereda es angosta y la mayoría de las casas son bajas. Luego de cinco minutos de tocar el timbre de una puerta altísima y antigua, se escucha el paso lento de tacos altos que bajan una escalera. Primero se abre el vidrio de la puerta. María Jose Lubertino, legisladora de la Ciudad de Buenos Aires desde 2009, con peinado de peluquería y cara de agotamiento, está hablando por celular mediante esos bichitos que se ubican en el oído, los manos libres. “Vos fijate en la Unidad número 6 y vas a encontrar todo un capítulo sobre derechos humanos”, dice, y podrá estar hablando, desde su rol de profesora, con uno de sus alumnos de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, su segunda profesión.

María José Lubertino, con 52 años muy bien llevados, es hija única. Hasta su divorcio en el 83, vivió en San Nicolás. José, su padre, era bioquímico e ingeniero agrónomo. Una persona adelantada, según su hija: “Mi papá era un hombre del futuro, era un positivista del siglo XIX y a la vez un científico obsesionado por el que vendrá”. Él murió cuando ella tenía 18 años: “Yo estaba en una época de rebeldía, primer año de la facultad, me peleaba con él porque era muy estricto. Fue duro, pero tengo una figura bastante idealizada de mi papá y de mucha admiración”, cuenta. Y quizás haya sido su padre quien influyó en su mirada ante el mundo.

Puede haber sido por eso que en toda su carrera como política y abogada, se dedicó profundamente a analizar los cambios necesarios (según dice “urgentes”) en la sociedad. “Al principio ocurría espontáneamente, me daba cuenta de algo y creía que todo el mundo se daba cuenta de que eso debería ser cambiado. Después entendí que había que remarla 20 años para cambiar lo que estaba sucediendo”.

Lo dice la legisladora por la Ciudad de Buenos Aires del partido Espacio Abierto que tiene 47 proyectos presentados, que está a favor del aborto y de la despenalización de la marihuana, que luchó por el matrimonio gay especialmente cuando fue presidenta del Instituto Nacional contra la Discriminación (INADI), que es feminista y a la que le encanta la gente exótica y “fuera de lo común”. “Las cosas que digo en el momento en que las digo son bastante incomprendidas -dispara-, pero esto que me pasa no es individual, la feministas decidimos que no nos gustaba el mundo y el planeta por 500 años de historia y resolvimos que había que tener una prospectiva a pensar el mundo del próximo siglo. Nuestras posiciones tienen que ver con eso: medio ambiente, distribución de la riqueza, en contra de la violencia de género. No entiendo que eso sea de avanzada, entiendo que es una urgencia inmediata, aunque algunos lo consideren que es imaginar el mundo del siglo venidero. De todas formas, en lo personal, creo que es un karma ser de vanguardia”.

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Su casa es espaciosa. En una silla hay un Blackberry desarmado; en el comedor, dos mesas bajas, una especie de cuadro tridimensional arriba del sillón de cuero blanco en el que elige sentarse y, al lado, una mesita con numerosos whiskys importados. Ella tiene un vestido blanco algo transparente y tacos de unos cinco centímetros. Pelo rubio, corto, y un brillante piercing en la nariz.

“Estamos a las corridas, ¿eh?”, advierte antes de relajarse, despatarrarse en el sillón y hablar durante una hora sobre de su vida, casi como si estuviese en una sesión con su terapeuta.

Parece que Lubertino no quiso repetir con sus hijos la sobreprotección que sintió de su madre: “Yo estaba atosigada y me peleaba. Ella era como una idishe mame sin ser judía”, recuerda y sonríe. María José tiene dos hijos; Manuel, de 15 años, que vive con su papá en París, y Ernesto, de 10 de años; cada uno de padres distintos. “Nosotros vemos futbol, ellos son de Boca y yo de River. A Ernestito le dedico todo el tiempo que puedo, y con el más grande hablamos siempre por Skype. Pero el tiempo se comparte con sus padres”. Hoy vive en su departamento con su hijo de 10 y tiene pareja: “Sí, tengo un novio de 27 años”, admite con una sonrisa picarona.

A pesar de ser revoltosa, la María José adolescente fue una excelente alumna, abanderada en primaria y secundaria, medalla de oro en Abogacía de la Universidad de Buenos Aires.

– ¿Alguna vez ejerciste la Abogacía?
– Sí, y muy exitosamente, me compré un departamento como producto. Trabajé mucho con lucha internacional, laboral, civil, derecho internacional privado, juicios contra obras sociales y demás.

– ¿Te gustaba?
– Era muy apasionada de las causas que llevaba, pero me iba sublevando la burocracia judicial, la demora a los juicios, la lentitud. Entonces creí que con mi nuevo trabajo de asesora legislativa podría pasar a la elaboración de las leyes y que, de esa forma, podría hacer más justicia. Finalmente me di cuenta de que tampoco iba por ahí, y que había que hacer política para cambiar las injusticias.

Y así comienza. Lubertino se afilió al radicalismo y puso primera a su vida de militante.

Corre 1983, punto de ebullición de una democracia en proceso; María José estudia sus últimas materias en la UCA y también enseña allí. Pero son los aires de un nuevo cambio lo que le abre los ojos a la joven, que traía un bagaje de educación primaria, secundaria y universitaria totalmente católica. “El hecho de conocer el rol de la Iglesia en la dictadura me genera un dolor, una desilusión y una sensación de corte, que para mí se develaba muy paulatinamente. Ver todo lo que había pasado en la dictadura que yo ignoraba y que la UCA me había negado conocer, me lleva a anotarme en FLACSO y estudiar Maestría en Ciencias Sociales, era como la necesidad de completar mi universo de formación”, cuenta.

María José cuestionó el rol de la UCA durante la dictadura y la guerra de las Malvinas en su discurso de egresada, lo que tuvo consecuencias inmediatas. “Nunca está claro por qué me echaron de la UCA, porque como no existía el Inadi ni estaba Lubertino en él… –habla en tercera persona–. Nunca sabré si me echaron por hacerme radical, por divorciarme o por defender el aborto, aunque ni siquiera era el aborto en ese momento. Me echan como docente; yo estaba en cinco cátedras y el año siguiente, elegantemente, no me renuevan ninguna”. Fue así que comenzó su etapa de militante laica.

– ¿Con qué religión te identificás ahora?
– Podría decirte que fui 20 años católica, 20 años radical y ahora soy feminista y libre (rie). Soy una persona racionalmente agnóstica o atea Pero, en lo emocional, soy profundamente espiritual y creyente en las personas, en el ser humano. Creo en la energía de algo que está más allá de lo material.

En el maravilloso mundo del Twiter, la red social que es furor entre los famosos, Lubertino es la reina del ámbito de la política. Ella, que allí escribió cosas como “Aún ante una violación hay que tratar de negociar que se pongan un preservativo” y “UnTrío: Pizza, birra y faso”, puede llegar a twittear 50 veces por día y es bastante cuestionada.

– ¿Te molestan las críticas?
– A mí ya no me entran las balas (se estira en el sillón y se acomoda el pelo para atrás). Hay algunos periodistas que actúan para ridiculizar, desvirtuar lo que vos decís y tratan de descalificarlo. Por ejemplo: “Esta es la boluda que se encarga de las transexuales, de las minas, del aborto. No puede hablar de desarrollo urbanístico, no sabe de economía, de presupuesto”.

– ¿Alguna vez sentiste un apriete para evitar que hables de ciertos temas?
– Yo sufrí discriminación de género y discriminación ideológica. No me dejaban entrar a las listas de candidatos porque defendía el aborto o la diversidad sexual.

– ¿Sos ambiciosa en la política? ¿Te gustaría ser jefa de la Ciudad de Buenos Aires?
– A las mujeres le dicen ambiciosas y a los varones confiados en si mismos, ¿no? Sí, creo que nadie mejor que yo para ser jefa de la cuidad y sacar a Mauricio Macri y todos sus secuaces. Esos que seguramente irán al cielo y no como nosotras, a cualquier parte.

– ¿Cómo te definirías?
– Soy una omnipotente total. Soy obsesiva en casi todo, pero hay cosas que relego, entonces no van a estar perfectas. Me gusta definirme por el futuro, soy de izquierda, feminista, y soy una mujer de Estado (se corrige), quiero ser una mujer de Estado.

Julieta Vuotto 2do año(tea)